Ine no Funaya: Ruta por el mar de Kyoto II

17/07/2025

Tras explorar la belleza majestuosa de Amanohashidate, la ruta por el mar de Kyoto me llevó hacia el norte, bordeando la costa hasta llegar a un lugar que parece detenido en el tiempo. En la bahía de Ine, las casas tradicionales se alinean sobre el agua como si flotaran, dibujando una imagen serena y profundamente singular.

 

 

En esta segunda parte del recorrido por el norte de Kyoto, te invito a descubrir Ine desde dentro: navegando entre sus casas flotantes, aprendiendo sobre su historia y costumbres, y, si tienes suerte, durmiendo sobre el agua en una de sus legendarias funayas.

 

Ine no Funaya: el pueblo donde las casas tocan el mar

 

A apenas media hora en coche desde Amanohashidate —o una hora en autobús a través de las suaves curvas de la península de Tango— se encuentra Ine, un pequeño pueblo costero cuya imagen parece sacada de un grabado antiguo: hileras de casas de madera que descansan directamente sobre la bahía, como si flotaran en el agua.

Estas construcciones únicas, conocidas como funaya o “casas barco”, suman unas 230 y forman un conjunto arquitectónico que no se encuentra en ningún otro lugar de Japón. Ine no Funaya ha sido oficialmente reconocido como Distrito de Preservación Importante para Grupos de Edificios Tradicionales. La disposición de las casas, en primera línea de mar, responde a una lógica ancestral: la bahía de Ine se abre inusualmente hacia el sur y está protegida por montañas en tres de sus lados, lo que crea un microclima apacible con pocas mareas y vientos suaves. Ideal para la pesca, y también para la arquitectura que coexiste con el agua.

 

 

Originalmente, estas casas eran más bien garajes marítimos. La planta baja servía para guardar las embarcaciones de madera, que necesitaban secarse entre faena y faena para no pudrirse. En el segundo piso se almacenaban redes, aparejos y víveres. Algunas aún sirven como garaje para embarcaciones; otras se han reconvertido en alojamientos donde el visitante puede experimentar esa vida marinera de forma directa y respetuosa.

 

 

Hoy, la mayoría tiene una vivienda principal justo al otro lado de la calle, manteniendo así la funcionalidad sin renunciar a la tradición.

 

 

 

Navegar entre las casas flotantes: barco turístico Ine no Funaya

 

Una de las mejores formas de apreciar el encanto de la bahía es desde el agua. El barco turístico Ine no Funaya recorre el perímetro costero durante unos 25 minutos, permitiendo ver las casas desde una perspectiva serena y privilegiada. Las gaviotas, acostumbradas a los pasajeros, se acercan en busca de alguna migaja en el aire. Es una escena plácida y contemplativa, ideal para cerrar la jornada.

Horarios: el servicio opera entre las 9:00 y las 16:00 (puede variar según la temporada), con salidas cada hora en los minutos 0 y 30.

 

 

 

Dormir sobre el agua: alojarse en una Funaya

 

En los últimos años, alrededor de una veintena de funayas en la bahía de Ine se han transformado en alojamientos únicos, permitiendo a los visitantes experimentar, por una noche, la vida junto al mar tal como la han vivido generaciones de pescadores. No es de extrañar que estas estancias sean cada vez más demandadas: dormir en una casa flotante tradicional, con el rumor del agua bajo el tatami, es un lujo escaso y profundamente evocador.

 

 

Eso sí, conviene planificar con antelación. Dada la limitada oferta, muchas de estas funayas deben reservarse con hasta tres meses de antelación. Y como se trata de edificaciones históricas, hay ciertos aspectos que el viajero debe tener muy en cuenta.

 

Recomendaciones para una estancia respetuosa

 

Ine es un pueblo pesquero vivo, no una escenografía para el turismo. Sus residentes madrugan, y los sonidos del mar se entrelazan con los de la vida cotidiana. Por ello, se ruega silencio durante la noche y las primeras horas de la mañana, especialmente para no interrumpir el descanso de los pescadores que salen al alba.

 

 

Por razones de seguridad, está estrictamente prohibido fumar dentro de las funayas, dado que son estructuras de madera vulnerables al fuego. Asimismo, en muchos de estos alojamientos —especialmente los que no incluyen servicio de comidas— no está permitido cocinar, ni siquiera con placas eléctricas. Para las comidas, es mejor optar por los restaurantes locales o consultar con antelación si está permitido llevar alimentos preparados.

Otra regla importante: está prohibido nadar en la bahía de Ine. Aunque sus aguas sean tranquilas, el constante tráfico de embarcaciones hace que no sea seguro para el baño.

Por último, algunos alojamientos no aceptan huéspedes menores de 12 o 13 años, por lo que es importante verificar esta condición al momento de reservar.

 

 

Dormir en una funaya es más que una experiencia pintoresca: es participar, aunque sea brevemente, en un estilo de vida forjado entre la madera, el salitre y la paciencia del mar. Ine no es solo un destino hermoso, es un testimonio vivo de cómo una comunidad puede adaptarse a su entorno sin romper el equilibrio. Y con ello, ofrece al viajero atento una de las vivencias más auténticas del Japón rural.

 

Llegué a España por primera vez como mochilero en 1972. Dos años después decidí quedarme, y desde entonces vivo aquí, entre los recuerdos vivos de Asia y la riqueza cotidiana del mundo mediterráneo. Nací en Japón y viví allí hasta los 24 años. Mis viajes posteriores por Europa y Asia me han permitido comparar paisajes, ritmos, formas de vida y mentalidades muy distintas, y así redescubrir lo que dejé atrás en mi tierra natal. En 1990 fundé Frontia S.A. (CICMA 492) y, en 2004, creé Destinos Asiáticos, una marca especializada en viajes a medida por Asia, con el objetivo de compartir mi fascinación por este continente con otros viajeros. He recorrido países como Corea del Sur, Camboya, Laos, Tailandia, Myanmar, Malasia, Indonesia, Singapur, Hong Kong, Bangladesh, Sri Lanka, India, Nepal y Bután. Además, viví ocho años en Vietnam, país al que regreso siempre que puedo. Me considero un enamorado de Asia… y de España. Entre ambas orillas he construido mi forma de mirar el mundo: con curiosidad, respeto y atención a los matices. Esa mirada es la que intento transmitir en este blog, donde comparto rutas, momentos y lugares que, más que destinos, son paisajes interiores. Si disfrutas del viaje como manera de entender otras culturas —y también la propia—, quizá encuentres en estas crónicas algo que resuene contigo.
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