Penglipuran en Bali: el pueblo donde la armonía se volvió forma de vida

7/05/2026

Ubicado al noreste de Ubud, sobre una colina a unos dos kilómetros del centro de la regencia de Bangli, el pueblo de Penglipuran está rodeado de casas de estilo tradicional balinés. Es un lugar donde el tiempo parece avanzar con calma, como si el ritmo de la vida hubiera decidido quedarse anclado en otra época.

En 2023, Penglipuran fue seleccionado por ONU Turismo como el “Pueblo más bello del mundo”, obteniendo el primer lugar entre comunidades de 54 países. Más allá del reconocimiento, lo que distingue a este pueblo es una belleza silenciosa, construida desde el orden, la tradición y el respeto por el entorno.

 

 

La armonía visual de Penglipuran no es casual. El pueblo está diseñado según la brújula hindú balinesa. Un camino empedrado recorre el centro de norte a sur, ascendiendo suavemente hacia la colina. Las casas, construidas principalmente con bambú y piedra, están alineadas en una estructura comunal y orientadas hacia el Monte Agung, el volcán sagrado de Bali.

Actualmente viven allí 226 hogares, que mantienen viva la atmósfera y el estilo de vida de un pueblo balinés tradicional, donde la comunidad y la continuidad cultural siguen siendo el eje de la vida diaria.

 

Un paseo por el bosque de bambú

 

A unos cien metros del pueblo de Penglipuran se extiende un bosque de bambú de 45 hectáreas, un espacio natural ideal para recorrer a pie o en bicicleta, y también para observar con calma la relación entre el pueblo y su entorno.

Según la filosofía local, basada en conceptos como Tri Hita Karana y Tri Mandala, el bambú es considerado sagrado. Representa la conexión entre los antepasados, la comunidad y la naturaleza, una relación que en Penglipuran no se explica, se vive.

 

 

En todas las casas, los tejados se extienden de forma uniforme y están revestidos con bambú extraído del bosque.

 

 

 

El sistema para visitar el pueblo

 

El acceso al pueblo se organiza mediante un sistema comunitario. La entrada tiene un costo de 50.000 rupias (aproximadamente 2,5 euros), además de una tarifa de estacionamiento. Al ingresar, se asigna un número y se visita la casa correspondiente, donde los residentes reciben a los visitantes y muestran el interior de la vivienda y el huerto.

 

 

Cada casa cuenta con una pequeña sección de recuerdos. Es posible comprar alguno o dejar una donación sugerida de 50.000 rupias. Si se desea visitar una casa específica, se puede conversar con los residentes, manteniendo siempre la contribución como parte del intercambio respetuoso.

 

 

Si se observa con atención, se notan pequeños carteles que anuncian habitaciones en alquiler, ya que algunas familias ofrecen la posibilidad de alojarse dentro del pueblo.

 

Un día festivo en Penglipuran

 

Visité Penglipuran durante el festival balinés de Kuningan. Ese día, largas hileras de penjor colgaban frente a los aleros de cada casa. El pueblo, dispuesto a lo largo de una pendiente suave y perfectamente ordenada, se llenó de decoraciones festivas que realizaban aún más su equilibrio visual.

 

 

Durante la jornada, pasó una procesión de niños interpretando la danza del Barong, aportando movimiento y alegría a un entorno que ya respiraba espiritualidad.

 

 

Recorrer Penglipuran es entrar en un espacio donde la vida cotidiana fluye en armonía con la naturaleza y la tradición.
Sus caminos ordenados, puertas simétricas y patios cuidados cuentan una historia de siglos marcada por comunidad, herencia cultural y sencillez consciente.

 

 

Más que un atractivo, Penglipuran es una experiencia serena y auténtica, donde el pasado y el presente de Bali conviven sin esfuerzo, recordando que la belleza también puede ser una forma de equilibrio.

 

Llegué a España por primera vez como mochilero en 1972. Dos años después decidí quedarme, y desde entonces vivo aquí, entre los recuerdos vivos de Asia y la riqueza cotidiana del mundo mediterráneo. Nací en Japón y viví allí hasta los 24 años. Mis viajes posteriores por Europa y Asia me han permitido comparar paisajes, ritmos, formas de vida y mentalidades muy distintas, y así redescubrir lo que dejé atrás en mi tierra natal. En 1990 fundé Frontia S.A. (CICMA 492) y, en 2004, creé Destinos Asiáticos, una marca especializada en viajes a medida por Asia, con el objetivo de compartir mi fascinación por este continente con otros viajeros. He recorrido países como Corea del Sur, Camboya, Laos, Tailandia, Myanmar, Malasia, Indonesia, Singapur, Hong Kong, Bangladesh, Sri Lanka, India, Nepal y Bután. Además, viví ocho años en Vietnam, país al que regreso siempre que puedo. Me considero un enamorado de Asia… y de España. Entre ambas orillas he construido mi forma de mirar el mundo: con curiosidad, respeto y atención a los matices. Esa mirada es la que intento transmitir en este blog, donde comparto rutas, momentos y lugares que, más que destinos, son paisajes interiores. Si disfrutas del viaje como manera de entender otras culturas —y también la propia—, quizá encuentres en estas crónicas algo que resuene contigo.
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