Divertirse con lo absurdo en ‘Symbol’ de Matsumoto

Año: 2009País: JapónDirector: Hitoshi MutsamotoDuración: 93 m.Género: ComediaProtagonistas: Hitoshi Matsumoto, David Quintero, Luis Accinelli, Lilian Tapia, Ivana Wong.Más información:http://www.imdb.com/title/tt1410261/Sinopsis: Un japonés en pijama se despierta solo en una habitación blanca y luminosa rodeado de multitud de lo que parecen ser protuberancias fálicas que cuelgan de las paredes.  Cada vez que pulsa una de ellas, aparece un objeto diferente. Mientras tanto, en un pueblo polvoriento, un luchador enmascarado mexicano se prepara de manera harto desganada para participar en una exhibición de wrestling. Su familia se reúne alrededor de él, preocupados por su desacostumbrada apatía.Crítica: Hace tres años Ángel Sala, actual director del Festival de Cinema de Sitges, apostó personalmente por traer al certamen una película que, según él, se trataba de una de las propuestas más bizarras del cine oriental de los últimos años. El film en cuestión era Dainiponjin, y su director, Hitoshi Matsumoto. Su proyección vino marcada por opiniones decididamente radicales. Hubo espectadores que parecieron encontrar el vellocino de oro, mientras otros desertaron de la sala despavoridos ante lo que se les mostraba; pero en lo que todo el mundo estuvo de acuerdo fue en que la cinta era friki con ganas. Con estas premisas nos llega ahora la segunda película de este conocido cómico y presentador de la televisión nipona, Symbol, y como ocurría con su predecesora, estamos ante una de las propuestas más bizarras y extrañas que un espectador pueda echarse a la cara. Los protagonistas: 1-un japonés con pijama de lunares que se encuentra en un cuarto tipo Cube rodeado de protuberancias angelicales; 2-un enmascarado mexicano que espera la hora de su combate de wrestling. ¿Puede existir premisa más estrambótica y singular? Pues la trama no le anda a la zaga. El japonés (interpretado por el propio Hatsumoto) intentará huir de esa improvisada cárcel sirviéndose de distintos artilugios que le llegan a la hora de pulsar los genitales colgantes, mientras que el mexicano (que responde al nombre artístico de Escargot Man) se prepara para la que será una de las luchas más sangrantes de su carrera.El film se mueve entre estos dos mundos aparentemente irreconciliables: distintas culturas, diferentes espacios, tramas paralelas que no tienen nada en común. Pero a medida que avanza el metraje nos damos cuenta de que ahí radica el mayor acierto de la propuesta. El “in crescendo” de las actividades de los héroes de la función vendrán acompañados de momentos tan hilarantes como jocosos. Los intentos de fuga que se suceden en el habitáculo llegan a límites insospechados que provocarán más de una carcajada en la platea. Como un auténtico MacGyver oriental, el hacinado deberá ingeniárselas para sortear todo tipo de obstáculos utilizando objetos tan inverosímiles como un jarrón gigante, una cuerda, una colección de comics manga o una buena cantidad de sushi. Y lo mejor de todo es que nos alimentamos del absurdo y el sin sentido más absoluto.Matsumoto consigue introducirnos en una fantasía en la que no existe red posible a la que asirse, y eso está al alcance de muy pocos. La pena es que en el último tercio del film se decida por introducir una serie de elementos metafísicos y espirituales que no están en sintonía con lo mostrado y que actúan a modo de colofón un tanto forzado. Es como si asistiéramos a la media hora final de 2001, una Odisea del Espacio en versión J-pop. No sabemos si el realizador abusa de los psicotrópicos o si realmente su imaginario es tan rico que es capaz de inventar realidades alternativas, pero lo cierto es que viendo Symbol pasas un rato muy, pero que muy divertido.Lo mejor: Su energía e ingenio y su colorido visual.Lo peor: El tramo final pierde fuelle.Por nuestro colaborador Francisco Nieto

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