La situación gastronómica de un país dice mucho de su identidad. Y cuando viajé por Uzbekistán, comprendí que sentarse a la mesa allí es mucho más que alimentarse: es una forma de integrarse en su historia, su paisaje y su modo de entender la vida.
Una encrucijada de culturas
La cocina uzbeka es una síntesis de caminos. No es casual que evoque la Ruta de la Seda: los sabores, las técnicas y los ingredientes hablan de siglos de intercambio entre Asia Central, Oriente Medio, Persia, China y Rusia.
Se trata de una gastronomía robusta, generosa y bien condimentada. Al ser un país sin litoral, predominan los platos a base de carne —cordero y ternera principalmente—, cocinados con verduras, arroz o fideos. El pollo, más escaso, se considera casi un producto de lujo, y el cerdo se evita por motivos religiosos.
Lo que sí está siempre presente, sea cual sea el plato, es el naan, ese pan redondo cocido en horno de barro, y el chai, ese té fuerte y aromático que se bebe en cualquier momento del día, ya sea en casa o en una casa de té del mercado.
Naan
Aunque el arroz es parte importante de la dieta, el pan es absolutamente esencial. El naan se sirve en todas las comidas. Su textura y grosor varían de una región a otra: en el oeste es más fino y crujiente; en otras zonas, más grueso y esponjoso. El naan de Samarcanda es especialmente valorado por su sabor y consistencia. Vale la pena probar las variantes regionales y descubrir cuál se adapta más a tu gusto.
Samsa
La samsa —también llamada somsa— es una empanada horneada con relleno de carne picada y cebolla. Se puede encontrar en bazares, pueblos y calles principales, servida caliente. Es un alimento popular como merienda o tentempié. El proceso de preparación, pegando la masa en el interior del horno de barro, es todo un espectáculo que vale la pena observar si se presenta la ocasión.
Shashlik
Muy presente en los mercados y puestos callejeros, el shashlik es carne a la parrilla servida en brocheta. Suele prepararse con cordero, ternera o pollo, aunque en algunas regiones también se usan pescado o verduras. Algunas veces se sirve directamente en la brocheta, otras ya troceado, acompañado casi siempre por cebolla cruda con un toque de vinagre. Es una opción sencilla y sabrosa para comer algo rápido mientras se exploran las ciudades.
Plov
El plato nacional por excelencia. El plov se cocina lentamente en grandes cazuelas: arroz, carne, zanahorias, cebolla, grasa de cordero y especias como el azafrán. Algunas versiones incluyen pasas o legumbres, lo que aporta un toque dulce. Es un plato graso y contundente, pensado para alimentar durante horas. En muchos hogares se acompaña con ensalada de tomate y pepino. Cada región, incluso cada familia, tiene su propia versión del plov, y se preparan distintos tipos según la ocasión: bodas, funerales, celebraciones oficiales. Los ingredientes cambian, pero el ritual permanece.
Laghman
Estos fideos gruesos hechos a mano se sirven en forma de sopa o salteados. El laghman clásico combina caldo con pasta de tomate, cordero, verduras y algo de picante. También existen versiones sin sopa, como el boso laghman o el gyuro laghman. Es un plato extendido en toda Asia Central, pero cada país y ciudad le imprime su carácter.
Shivit Oshi
Plato típico de Khorezm y, en particular, de la ciudad de Khiva. Se come en verano y se sirve frío: fideos con hierbas aromáticas —como eneldo— sobre una base de salsa de tomate agria. Es ligero, refrescante y muy popular cuando el calor aprieta y el apetito baja. Aunque menos conocido que el plov, es una auténtica joya regional.
Manti
Los manti son bollos al vapor rellenos de carne picada, habitualmente cordero o ternera con cebolla. Se sirven con salsa de yogur, crema agria, tomate o incluso cilantro fresco. En otoño, también pueden llevar calabaza. Son jugosos, suaves y muy nutritivos, ideales para una comida casera o una parada en una casa de comidas tradicional.
Cervezas uzbekas
Aunque Uzbekistán es un país de mayoría musulmana, la cerveza está presente y es bastante popular. La marca más conocida es Sarbast, cuya versión sin filtrar tiene muchos adeptos. También se encuentran cervezas locales como Qibray, GAP o Žatecký Gus. La oferta no es enorme, pero sí suficiente para probar algo distinto al té.
Agua
Una recomendación práctica para quien viaja: el agua del grifo no es potable en muchas zonas del país. Es mejor optar siempre por agua embotellada, especialmente en trayectos largos o si se visitan pueblos donde las condiciones sanitarias no están garantizadas. Llevar siempre una botella y observar buenas prácticas de higiene ayuda a disfrutar del viaje sin sobresaltos.