Cine Asia nos lleva hasta la antigua China con ‘Confucio’

CONFUCIOAño: 2010País: ChinaDirector: Hu MeiDuración: 125 minutosGénero: Drama biográfico de épocaProtagonistas: Chow Yun-Fat, Zhou Xun, Lu YiEl estreno en nuestras salas de Confucio parece razonable y a la vez es sorprendente. Por un lado es el perfecto producto orientalista, pues su ambientación de época evoca exotismo, y narra, en forma de drama, la vida de una figura no conocida pero sí reconocible de la filosofía oriental (tan en boga en Occidente desde hace un tiempo); está además protagonizada por una estrella internacional como es Chow Yun-Fat, y su nivel técnico es alto, además de ajustar-se formalmente a las convenciones del mainstream internacional. Sin embargo, algunos de estos atributos podrían girarse también en su contra. Para empezar, Chow no está en su salsa, y el potencial público del film (muy distinto al de sus habituales heroic bloodsheds) puede que no le reconozca. También hay que decir que a pesar de su potencial atractivo para las audiencias internacionales, el tratamiento del tema parece orientado al consumo interno, pues muchas de las cuestiones que rodean al pensamiento del personaje parecen darse por sentadas. Por otro lado, resulta paradójico que un film diseñado para ser un blockbuster deba ocupar un espacio tan marginal en nuestra oferta cinematográfica.En su país de origen, la película parecía tener el éxito asegurado, tanto por el nivel de la producción exhibido como por venir apadrinada por el propio gobierno chino, quien le allanó el terreno al retirar (por decreto) las copias de Avatar de James Cameron de todas las salas excepto las de 3D, y facilitar así la distribución del film dirigido por Hu Mei. Poco después, y a la vista de la floja asistencia a las salas donde se proyectaba Confucio, se permitió a Avatar regresar a algunos locales. Desde su misma concepción, el film se había visto enredado en polémicas: había quien criticaba la elección de Chow Yun-Fat, un ‘hombre de acción’ y hongkonés de habla cantonesa, para el papel del venerable maestro en una cinta rodada en mandarín; otros se escandalizaron al ver en un tráiler escenas en las que Confucio empleaba las artes marciales o se veía envuelto en un romance con una concubina. Finalmente, buena parte de los elementos de la discordia fueron eliminados (fuera las peleas y la love story), una decisión política detrás de la cual se intuye la mano de un gobierno poco amante de la controversia.

Aún así, Confucio sigue ofreciendo una imagen sorprendente de este famoso (aunque, insisto, poco conocido) filósofo chino. Lo cierto es que se sabe poco de su vida, y que muy pronto se mitificó y se instrumentalizó políticamente su figura. Kong Qiu (también conocido como el Maestro Kong, en chino Kong zi) nació en el siglo VI aC y era el hijo de una familia noble empobrecida. La carrera política a la cual aspiraba fue un fracaso, de manera que optó por viajar a través de los diferentes territorios chinos y visitar a los príncipes feudales para ofrecerles sus doctrinas políticas, sin demasiado éxito. Destacó en cambio como pedagogo (en su voluntad de formar a hombres de bien), consiguiendo reunir a su alrededor a un numeroso grupo de discípulos, algunos de los cuales le acompañaban en sus itinerarios. Confucio predicaba el seguimiento de las costumbres antiguas, a las cuales veía como protectoras de la harmonía social, y a cuyo olvido achacaba la belicosa situación que le había tocado vivir. Su prédica no está explorada en este film, que prefiere centrarse, primero, en su acción política (describiéndole, en contra de los textos históricos, como un gran e influyente estadista), y después, en la penosa peregrinación lejos de su hogar que casi le cuesta la vida.Para los cuatro autores del libreto, Confucio era un santo barón poseedor de todas las virtudes, capaz de sacrificarse abandonando a su familia en búsqueda de un bien común (nacional) más alto. Centrada, pues, en el mito y definitivamente alejada de la realidad, la película viaja a la contra del revisionismo histórico posmoderno, debido sin duda a su adscripción al discurso oficial del régimen, con sus constantes referencias a la unidad cultural y política. Los breves textos que con puntualidad nos informan de la identidad de algunos de los personajes (se entiende que reales) que van apareciendo, así como de fechas y lugares señalados, pretenden incorporar un rigor que no es otra cosa que una máscara para camuflar la falsedad de lo verdaderamente significativo.La épica de la narración se traslada también a las imágenes, tan grandilocuentes como un diseño de producción millonario (que no escatima ni en decorados ni en efectos digitales para las grandes batallas y algunos paisajes), unos pesados movimientos de cámara y una insistente música enfática (a lo El Señor de los Anillos) lo permiten. Menos heroica es su duración (unas estándar dos horas), por desgracia, ya que en el tintero quedan interesantes subtramas (referentes a los discípulos y a las cortes de los reinos), que habrían dotado de mayor variedad a su segunda parte, así como de mayor fondo cultural.No es que Confucio sea una mala película, ni mucho menos; el problema es que nos quiere vender la moto, y no cuela. Quien no se preocupe por eso, disfrutará de lo que no deja de ser una rara avis, un melodrama de época chino en que los personajes no vuelan.Jordi Codó.

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